Prefacio

Luchadoras
28 voces autorizadas

La publicación por parte del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) de este libro conmemorativo del Día Internacional de la Mujer Rural persigue un doble propósito.

El primero y más explícito es el de rendir un imprescindible homenaje a una figura clave para la seguridad alimentaria y el progreso económico y social de nuestro continente.

El momento para ese reconocimiento es más que oportuno, con buena parte del mundo siendo recorrida por un movimiento contagioso y de grandes proporciones que ha visibilizado un enorme problema: alrededor de la mitad de la sociedad es discriminada. Ese movimiento, esencialmente urbano, también se presenta en los territorios rurales.

El segundo objetivo, más ambicioso y que compromete a nuestra institución a una actividad continuada y tenaz, es el de estimular una necesaria discusión pública para incentivar la formulación y ejecución de políticas de calidad que mejoren la situación de las mujeres que viven en el campo.

Hemos dado especial atención en la hoja de ruta del IICA, el Plan de Mediano Plazo 2018-2022, a la incorporación del enfoque de género en el contexto de las nuevas estrategias institucionales y su aplicación transversal a las políticas, ejes de trabajo y objetivos del Instituto.

Estamos dando pasos concretos en esa dirección.

Uno de ellos fue la elaboración de un documento técnico referencial para nuestra acción institucional sobre género, que contiene precisas recomendaciones de políticas públicas y líneas de cooperación técnica para fortalecer y mejorar la contribución de las mujeres al desarrollo de la agricultura y de los territorios rurales.

También hemos dado especial atención en la hoja de ruta del IICA, el Plan de Mediano Plazo 2018-2022, a la incorporación del enfoque de género en el contexto de las nuevas estrategias institucionales y su aplicación transversal a las políticas, ejes de trabajo y objetivos del Instituto.

Indicadores, testimonios y experiencias de campo “gritan” sobre la invisibilidad de la mujer rural, sobre la falta o el insuficiente acceso a la propiedad de la tierra, a recursos productivos, a financiamiento, conectividad, agua potable, educación y capacitación, salud y justicia.

Casi un 40 % de las mujeres que viven en el campo en América Latina y el Caribe no tienen ingresos propios, ante un 14 % de los hombres rurales. Menos de un tercio de las mujeres rurales, además, posee la titularidad de la tierra que habita. En el medio rural, también, existe una generalizada ausencia de reconocimiento a los diversos tipos de trabajo que realizan las mujeres.

Las mujeres rurales están en desventaja con los hombres que viven en el campo y con las mujeres urbanas, y reducir esas brechas compete no sólo a los gobiernos, también a la sociedad civil, que debe adoptar un compromiso para paliar esta problemática.

Esa tarea requiere, también, un trabajo de sensibilización entre los medios de comunicación masivos, gestionando y promoviendo el interés en el abordaje de una temática sin el espacio suficiente para lograr que se integren a una gran coalición social transformadora de la realidad.

Los estudios de las relaciones de género en asentamientos rurales son vistos, desde el medio urbano, como una suerte de retrato con forma de daguerrotipo o una foto en sepia, aunque realizados en la era contemporánea.

Manifiestan una parte constituyente de esas relaciones, que se reflejan en frases como “ella ayuda en las tareas de campo” o “ella no tiene responsabilidades económicas”, recogidas en el imprescindible trabajo “¿Compañeras de lucha o coordinadoras de cacerolas?”, de las investigadoras Maria das Graças Rua y Miriam Abramovay.

Lo cierto es que las mujeres rurales no solamente cumplen un papel fundamental en el hogar, sino que también tienen un alto peso en las tareas productivas. Es decir, son corresponsables del desarrollo productivo y además aseguran la estabilidad y la sobrevivencia de sus familias.

Pese a ello, los censos agrícolas confirman el innegable estado de fragilidad social que tanto nos alarma al subestimar la participación de las mujeres en la agricultura, muchas veces debido a la omisión, también por ellas mismas, de sus nexos con la actividad agrícola en detrimento de privilegiar los trabajos hogareños.

Pese a los progresos registrados en los últimos años en el empoderamiento de las mujeres y en la atención de la igualdad de género, en el medio rural ellas siguen siendo las principales encargadas del cuidado de los hijos y de la casa, de preparar la comida, de conseguir la leña y el agua. El trabajo doméstico no es reconocido como trabajo. Es considerado “natural y obligatorio” y su valoración es escasa.

Las mujeres que viven en zonas rurales de América Latina y el Caribe son quienes más sufren la disparidad social, política y económica de nuestros países.

Se hace necesario entonces estimular la participación política de las mujeres rurales para hacer visibles sus problemáticas y comenzar a resolverlas a través de su genuina representación en el seno de sus comunidades, en los parlamentos y en los gobiernos nacionales, provinciales y municipales. De esto también se trata el empoderamiento.

En todos los ámbitos, el avance sin precedentes de las tecnologías de la comunicación y de la información permite un extraordinario intercambio de ideas y reflexiones a escala mundial. Este libro también es producto de estos fenómenos, al reunir, con el foco puesto en la problemática de género en el campo, a especialistas y personalidades de los cinco continentes.

Se hace necesario entonces estimular la participación política de las mujeres rurales para hacer visibles sus problemáticas y comenzar a resolverlas a través de su genuina representación en el seno de sus comunidades, en los parlamentos y en los gobiernos nacionales, provinciales y municipales.

Se trata de una convocatoria amplia, que habla de la proyección global de las iniciativas del IICA y que involucra la participación de personas de diversas áreas, mayormente mujeres, que tienen el privilegio de circular entre culturas, tendencias y opciones y que presentan, en el conjunto de esta obra, todos los lados y matices de una historia.

Los autores captan, describen, interpretan y transmiten realidades, y con ella experiencias, estados de ánimo, emociones, compromisos y puntos de vista, en artículos en los que caben la indignación, las historias íntimas y familiares, y por sobre todo ideas y propuestas, revelando hechos y dimensiones que permanecerían en la opacidad si no fuese por la sensibilidad y el sentimiento de libertad que caracterizó a esta iniciativa.

Los aportes destacan reiteradamente la deuda pendiente respecto a la participación económica de la mujer rural, machacan en la necesidad de garantizar su acceso pleno a la educación, el empleo, la propiedad, la salud y la justicia, y en la urgencia de favorecer su involucramiento en la toma de decisiones.

En ellos están presentes fundamentados reclamos y pertinentes llamados a la implementación de políticas públicas sólidas y de largo plazo que las beneficien. Es que sin una mayor atención del poder público y de la sociedad civil ante la situación de vulnerabilidad que padecen, se ahondarán brechas que acarrearán dolorosas consecuencias sociales.

Algunas de las voces autorizadas sostienen que los desafíos pendientes no están condicionados a cuantiosos desembolsos de dinero público, sino a una decidida voluntad política neutralizadora de la discriminación.

Llaman la atención además sobre la ausencia de incentivos para que las mujeres jóvenes desarrollen ideas novedosas en sus lugares de origen. Recuerdan que la migración de la población rural responde a la carencia de servicios y que el arraigo poblacional depende directamente de las mujeres.

Insisten en que es imprescindible aprovechar y maximizar oportunidades a través de las denominaciones de origen de los productos agrícolas y de la recuperación de artes y oficios artesanales que la sostenibilidad ha consagrado como nuevos nichos de mercado.

Son mensajes que ponen de manifiesto la gran confluencia con los ejes de trabajo y los programas del IICA en favor del desarrollo agropecuario y rural porque interpelan respecto al lugar del sector agrícola en las agendas gubernamentales, exhortando a darle prioridad para alcanzar un desarrollo armónico e integrado.

Las voces autorizadas reunidas en este libro refuerzan, también, la necesidad de entender a la actividad agropecuaria como capaz de impulsar oportunidades de progreso y agregación de valor, promoviendo acciones osadas en busca de cohesión social y territorial.

Considerar prioritario ese objetivo es una apuesta segura, ya que construye ciudadanía y capacita recursos humanos por la formulación de planes estratégicos enriquecidos por la cooperación técnica internacional, una de las avenidas por la que transitan las relaciones internacionales. Además de la dimensión solidaria, esa cooperación tiene la capacidad de impulsar el desarrollo, al incentivar la modernización del sector productivo, la innovación de la gestión pública y el comercio.

Las voces autorizadas reunidas en este libro refuerzan, también, la necesidad de entender a la actividad agropecuaria como capaz de impulsar oportunidades de progreso y agregación de valor, promoviendo acciones osadas en busca de cohesión social y territorial.

Otro llamado de atención que atraviesa los textos aquí reunidos, cuya singularidad y diversidad potencian el conjunto y hacen de este libro un documento de gran relevancia, es el que refiere al significado de un enfoque de género.

Queda claro y establecido que no alcanza un componente femenino o de equidad de género en un proyecto o en cualquier iniciativa. Tampoco se trata apenas de aumentar en ellos la participación de las mujeres. Un verdadero enfoque de género requiere incorporar la experiencia, el conocimiento, los intereses y necesidades de las mujeres con el objetivo de empoderarlas.

Ese es el camino indicado a recorrer para cambiar lo que consideramos estructuras sociales e institucionales desiguales en estructuras igualitarias y justas, para los hombres y las mujeres.

Otro punto relevante remarcado, en un contexto de urbanización acelerada y creciente en nuestro continente, es la necesidad de realzar la importancia estratégica de las áreas rurales como escenario irreemplazable para la transformación productiva, anclada en la competitividad, la inclusión y el desarrollo de la ciencia y la tecnología con la sostenibilidad como horizonte.

Un verdadero enfoque de género requiere incorporar la experiencia, el conocimiento, los intereses y necesidades de las mujeres con el objetivo de empoderarlas.

Esta obra contribuye también a cubrir insuficiencias de información sobre los problemas que afectan a las mujeres rurales, carencias que restringen el análisis y limitan la extensión de la conciencia social sobre los problemas que las atañen.

Su publicación brinda nuevos elementos y mayor precisión sobre quiénes son y cómo viven las mujeres rurales latinoamericanas, adultas y niñas: con bajo nivel de escolaridad, alto porcentaje de analfabetismo, sobrecargadas de trabajo, con ingresos nulos o magros, trabajadoras en la informalidad y temporales, con escasa cobertura de los sistemas de protección social, con mínimas posibilidades de acceso a la propiedad de la tierra, a tecnología y al conocimiento técnico, y doblemente discriminadas en los casos de las mujeres rurales indígenas.

Es imprescindible y urgente, tomando en cuenta los avances logrados, ir más rápido y llegar más lejos. La meta es el cumplimiento cabal del Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 de la ONU, el logro de la igualdad entre los géneros y empoderar a las mujeres y las niñas. Conquistarlo depende de los gobiernos, los organismos internacionales y de nuestras sociedades.

Una de las obligaciones de las democracias modernas es la creación de más y nuevos espacios para que las camadas de la población que son discriminadas dejen de serlo. Una manera de abrirlos es encender los reflectores sobre estas cuestiones para comprender, paso inicial de la transformación. Este libro ofrece todas las herramientas para eso y ese es justamente su aporte más significativo.

Las palabras claves son empoderamiento y equidad. Ese es nuestro objetivo. Esta publicación, una gran conjunción de conocimiento y voluntad, es antes que nada una contundente estrategia para alcanzarlo.

Desde el IICA agradecemos la respuesta inmediata y solidaria de las personalidades que han contribuido a hacer realidad este libro. Esta respuesta es una clara muestra de la corresponsabilidad asumida por todas las prestigiosas voces participantes, y compromete aún más al Instituto en esta gran asociación para luchar por la visibilidad de la mujer rural.

Esta publicación constituye, también, un punto de partida que reposiciona al IICA en un tema clave para el desarrollo sostenible de nuestra América y que debe ser seguido por proyectos transformadores que mejoren las condiciones de empoderamiento y equidad. De todos nosotros depende alcanzar esos objetivos.

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Manuel Otero • TÍTULO Manuel Otero

Director General
Instituto Interamericano de
Cooperación para la Agricultura